martes, 16 de junio de 2009

Tagumat n-warrau n-Ifulu – Formación de la fraternidad

POR ALGUNA RAZÓN QUE DESCONOZCO, ESTE POST NO ESTÁ PULICADO.  HE IDO A LINKAR EL POST ANTERIOR CON ESTE, CUANDO HABLABA DE LOS VALORES QUE PERSIGO INTRODUCIR, Y AL BUSCARLO NO LO HE ENCONTRADO. AFORTUNADAMENTE LO TENÍA GUARDADO EN UN WORD Y LO SUBO DE NUEVO… Sería el primero de la serie Tagumat.

Una de mis ideas al venirme a vivir a Ifulu es intentar dinamizar un poco la vida de los más jóvenes –aunque con 14 o 15 años la mayoría ya se van a trabajar a Agadir-, ya que aparte de la escuela –un par de horas al día un par de días por semana… con suerte, porque muchas semanas enteras la profesora no hace acto de presencia en el pueblo-, no tienen ninguna otra actividad “reglada” que les ayude a formarse como personas, que les estimule, que les haga pensar o probarse, experimentar cosas nuevas, que les permita en definitiva crecer un poco más allá de las costumbres, los gritos o peleas y, eso sí, el futbol.

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Mi idea es trabajar con niños y niñas, aunque al principio, al estar sólo y no contar con la ayuda de la profesora –ni ninguna otra mujer-, poder llegar a las niñas se queda fuera de mis posibilidades –la profesora dijo que se apuntaba, pero luego no ha estado en el pueblo más que un par de días, demasiado poco para poder contar con ella y hacer algo… es como casi siempre aquí, buenas palabras, muchas sonrisas, pero ninguna acción, ningún trabajo concreto, ningún esfuerzo real por mejorar sus vidas o las de sus vecinos-.

Unos días antes del día elegido para realizar la primera actividad, el miércoles 29 de abril, me junté con todos los chavales e, intentando darle al acto de la mayor seriedad y solemnidad posible, nos fuimos a la casa comunal para reunirnos. Allí les conté de que iba mi idea.

Había encontrado en un curso de Amazigh esta bella palabra Tagumat, que significa “fraternidad”, y me gustó mucho el nombre, ya que según yo lo veo esta gente piensa demasiado en ella misma y su propio beneficio, e intentar cambiar esa visión y hacerles ver que pensar el uno en el otro, ayudarse mutuamente y trabajar para el bien común puede ser otra forma de entender las relaciones, incluso más beneficiosa a largo plazo para todos. A esa palabra le añadí Nwarrau, que significa “de chavales” en sentido general, de niños y niñas; y como el primer grupo es en Ifulu, pues acabé así, Nifulu, “de Ifulu”, el pueblo en el que estoy viviendo. Y así se lo conté a todos, que íbamos a formar un grupo juvenil, la fraternidad de chavales de Ifulu.

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Hablamos de una serie de reglas para pertenecer al grupo, sobre aspectos que considero importantes a ir trabajando –no confío tener mucho éxito, ya que la desestructuración educativa, social y familiar es brutal, pero tengo que empezar por algún sitio-, y así he elegido unos pocos principios, y según vaya viendo así los iré ampliando, para darle un sentido más amplio al fin pedagógico de este grupo, de esta fraternidad. Estos son:

  1. Hay que venir limpio a las reuniones y actividades. Es un aspecto a mejorar sin duda, la higiene personal es algo que no existe en esta zona, incluso cuando el Islam si lo contempla ampliamente. La higiene personal es, para mí, una forma de respetarse a sí mismo, de cuidarse y protegerse de enfermedades-. Y por supuesto si quiero que los chavales respeten al grupo, tienen que empezar a respetarse a ellos mismos. Pensar en duchas es algo imposible, pero si en tener el cuerpo y ropa limpia, la cabeza, los dientes, y, por supuesto, no oler mal.
  2. Hay que ir al colegio asiduamente. Aunque como he dicho la situación escolar es pésima, de nuevo el respeto a uno mismo y las ganas por aprender, y por lo tanto crecer como individuo, deben formar parte del grupo. Sin ese respecto individual no hay forma de crecer colectivamente.
  3. No hay que pelearse con nadie, mucho menos con los miembros de la fraternidad. Esto es básico también, el respecto a los demás debe empezar por evitar estas peleas que son tan comunes. Nadie les dice nada al respecto y actúan como quieren, sin más normas que las pocas tradiciones que repiten desde hace años. He añadido el especialmente con los miembros de la fraternidad para darle un carácter especial al pertenecer a ella, de alguna forma quiero que se sientan importantes al pertenecer a la fraternidad, que lo consideren un privilegio y que deseen estar en ella… sino sólo duraría mientras les dure la novedad, mientras les divierta estar en ella, y así no hay posibilidad de crecimiento ni evolución.
  4. Obedecer a sus padres y a los monitores de las actividades. En muchas ocasiones he oído a padres quejarse de eso, que ellos intentan cosas con sus hijos, pero que estos pasan, y como normalmente los padres están trabajando fuera de Ifulu y son las madres las que se encargan de los niños, y la casa, y el campo y todo, pues cuando los niños son un poco mayores ya hacen lo que quieren –sólo cumplen con sus obligaciones laborales, como cuidar un campo, cuando las tienen-. Para mí el respeto a los padres en la infancia y juventud debe formar parte de la disciplina personal. Hay que aprender a obedecer –para hacer lo que se quiera de mayor-, pero sin esa actitud de obediencia no se puede crecer en ningún sentido, no se puede ser educado.
  5. Tienen que ser dignos de confianza. He observado igualmente que la mayoría de los chavales pueden hacer una cosa en un momento, pero que cuando te descuidas pueden hacer la contraria. Este aspecto está relacionado con la obediencia, para ellos no existe más que el conseguir lo que quieren, sin entender que a la larga esta falta de confianza les supondrá más perjuicios que beneficios en la vida. Para mí sin esta confianza en los chavales no podría trabajar con ellos. Sé que al principio será sólo circunstancial –quieren pertenecer al grupo y así actuarán en consecuencia-, pero espero demostrarles que ellos pueden confiar en mí, que estoy aquí para lo que necesiten, y confío que esto les sirva para ofrecerme lo mismo. A efectos prácticos me conformo con que al principio no se lleven ningún material colectivo a sus casas, con que respeten también mi material personal y que tengan cuidado con lo que les vaya dejando.

Les dije que íbamos a empezar a hacer actividades, y para poder asistir a ellas sus padres tenían que venir a hablar conmigo, para mí es importante que los padres sepan lo que estoy intentando hacer con sus hijos, y que me apoyen en cierto sentido.

También les dije que el incumplimiento de las normas tendría consecuencias –desde leves a graves, desde no asistir a alguna actividad a abandonar definitivamente el grupo-, y que ya iríamos viendo esto poco a poco, incluso, cuando sea capaz de articular un consejo directivo, ya que en principio todo será regulado por mí, los propios chavales se encargaran de controlarse ellos mismo, e incluso, ojalá, en el futuro sean capaces de marcarse los objetivos que quieren conseguir en la fraternidad.

Por último estuvimos hablando de la primera actividad, una acampada de una noche cerca de Ifulu, con alguna actividad de cuerda incluida –rappel y tirolina-, y finalizamos con un turno de preguntas y nos aseguramos que habían entendido todos todo… las caras de emoción, sorpresa y felicidad eran enormes, sus ganas por hacer cosas, como las de cualquier chaval son, un motivo para pelear por ellos. Veremos cómo van saliendo las cosas, ya las iré contando…

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Aquí hay otras actividades de la Tagumat, pasadas y futuras

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