Este trekking era uno de los que tenía ganas, ya que siempre he estado desde Ifoulou hacia el Este y el Norte –por la enorme belleza, lo mucho que hay por descubrir, y porque el mapa que me compré es la zona que cubre, ya que Ifoulou se encuentra en la esquina inferior izquierda del mismo-. Pero el caso es que hay una pequeña esquinita todavía más hacia la izquierda y abajo, en la que aparecen las aldeas de Angmout y Tikhfist, y que ya había visto desde lo lejos en los viajes que he hecho por carretera a Ouarzazate –que está al Sur de Ifoulou-.
El caso es que tenía ganas, como digo, de conocer esta zona, y así se lo había dicho a Simo cuando hablamos del siguiente trekking. Él me dijo que conocía un paso por un collado muy bonito, que cruzaba desde Tagoukht hasta Tikhfist. Tagoukht ya lo conozco de otros trekkings, uno de ellos ya publicado y que hasta el momento es el más bonito que he hecho en los alrededores, e inmediatamente le dije que sí, que me apetecía mucho, y así lo hicimos.
Preparamos todo la noche antes, unas provisiones y suficiente agua para una entretenida jornada de marcha –algo más de 25 kms y unos 600 metros de desnivel-, a la mañana siguiente un pan y lo antes posible nos pondríamos en marcha. Por la noche el hijo de Abdullah se enteró de la ruta y se apuntó, aunque tiene 15 años y un problema en la cadera, el que trabaje 10 horas al día 6 días a la semana durante 8 meses al año en los invernaderos de Agadir me dieron la suficiente confianza de su aguante y dureza, y le dejé venirse.
A las 8 nos levantamos y desayunamos algo, pasadas las 8:30 estábamos en marcha. El camino hasta Tasselnt es prácticamente llano y se hace en media hora. Yo ya lo he hecho varias veces, cultivos en terraza, el molino de agua, las mujeres que se esconden cuando saco la cámara de fotos, vamos lo habitual.
A las 9:15 entrábamos en Tasselnt, pero pasamos por el pueblo rápido, para aprovechar las primeras horas del día, cuando menos calor hace, y adelantar el máximo posible. A las 9:30 ya lo habíamos cruzado y nos alejábamos por el camino que va hacia Tagoukht –una pena descubrir que este camino, hecho un año antes, está ya inservible debido a las lluvias del último otoño, y a la falta de mantenimiento del mismo, en verdad me entristece y preocupa –por lo que al trabajo que haga-, el ver como algo puede estropearse en tan poco tiempo, espero que lo que seamos capaces de hacer en la zona desde la fundación dure más y con mejor resultado.
A las 10 llegábamos a Tagoukht, como ya he dicho un pueblo precioso, en un encantador valle en altura, y que por lo aislado que está sus gentes todavía, incluyendo a los niños, se esconden cuando ven algún Europeo –Arumi-.
Nos encontramos con un abuelo, que junto a un árbol en medio del valle, estaba intentando hablar por teléfono, “En este punto exacto, justo al lado de este árbol, se puede hablar por teléfono cuando no está nublado”, nos dijo, pero no sabía porque no le funcionaba. Simo estuvo mirando el móvil y al final comprobó que no le quedaba saldo en su tarjeta de prepago… nos reímos un rato, nos invitó a un Té, pero le dijimos que otro día, porque todavía no habíamos hecho más que empezar a andar, llevábamos unos 5 kms., y nos quedaba la parte más dura de la marcha.
Cruzamos la aldea viendo como los chavales corrían a esconderse a sus casas, como ya estoy acostumbrado apenas les hice caso, ya les pillaré en otro momento cuando con el tiempo se vayan acostumbrando a mí, porque la verdad que las fotos que se pueden hacer en esta bellísima aldea son algo que tengo en mi cabeza desde hace ya un año, cuando la crucé por primera vez.
Salimos el pueblo por el colegio, continuando por el rio que lo atraviesa y que sirve para regar sus huertas, todo el rato en dirección Sur y algo Sudoeste, hasta que a un kilómetro o kilómetro y medio se dividía el rio en dos, y cogimos entonces hacía el Oeste, por un camino bien marcado que dejaba el río un poco más al Sur -para evitar la zona de cascadas que se forma en el río a medida que va cogiendo altura-.
Seguimos por este camino hasta llegar al collado, otro kilómetro y medio, quizás dos, en subida moderada, atravesando una casa de pastores vigilada por dos perros muy fieros –que nos obligaron a coger unas piedras, por si acaso-, y llena de ganado, con la típica imagen marroquí de una cabra subida en un árbol comiendo.
Cuando llegábamos ya al collado, divisamos al fondo las todavía nevadas montañas, con un más que interesante Jbel Anghomar -3.610m.- y que por su permanente lago en las cercanías, es uno de los trekkings que quiero hacer este verano. A ver si pesco algo que me han dicho que el rey “Hassan II” lo visitaba a menudo.
Al llegar al collado, sobre las 11:15 cambiamos de ladera –también por un camino muy marcado-, y seguimos por otro bonito valle rodeándolo por el Sur hasta un siguiente collado, desde el que ya comenzamos a bajar. Las vistas del Jbel Tissili -3.170m- y todo su farellón con de más de 1 kilómetro de recorrido, aún nevado me sugirieron otro trekking más, y que se puede hacer desde Toufrine, muy cerca de Ifoulou. No sé si voy a tener tiempo, pero ganas tengo de recorrer toda esta parte del Atlas.
Los colores rojos, negros y marrones, mezclados con las sabinas y alcornoques –o serán encinas-, las praderas verdes y la belleza de la roca volcánica, me tuvieron fascinado durante un buen trecho.
Y así seguí fascinado hasta que al llegar al segundo collado vi abajo la aldea de Tikhfist, inmersa en una ladera de arena roja, del color del Tessaout, y una vega repleta de árboles y huertos en praderas cultivadas. ¡Qué belleza!, al pasar por la carretera de Ouarzazate, este pueblo queda fuera de la visión, ya que se encuentra a unos 200 metros por encima, pero desde el collado, visto a lo lejos y con una perspectiva perfecta, su belleza se me mostró por primera vez completa.
Ese día no iba a poder visitarlo, por falta de tiempo, pero me apuntaba la visita para otra ocasión, seguro que de cerca ganaba más todavía y seguro que sus gentes tampoco estaban acostumbradas a los arumis, lo que hacía la visita más interesante aún.
Empezamos entonces a bajar por un pedregal inmenso, dejamos el camino para ahorrarnos unos cuantos kilómetros, no tanto de montaña como de carretera –que era la última etapa que nos quedaba por hacer-, y así a la 1 de la tarde parábamos a comer junto a la carretera: pan, sardinas y unas barritas energéticas.
Desde aquí ya conocía el resto de camino de ir en coche, unos 12 kilómetros de carretera, y luego 2 de pista para estar de vuelta en Ifoulou. El camino era más monótono, pero la belleza de las montañas del Atlas, las gentes trabajando el campo y sus aldeas nos siguieron acompañando hasta casa.
Una montaña preciosa, un hermoso pueblo en las alturas –Igourtane-, las huertas, tonos rojos y ocres, y la precisa canalización de agua de Ait-Ba’Rouz y, como no, la impresionante figura de Toufrine, presidiendo varias aldeas desde la altura y aprovechando la cascada de agua que le da su verdor.
Llegamos a Ait-Alla a las 15:15, y descansamos lo justo para tomarnos una merecida Coca Cola –hubiera estado genial fría-, ya sólo nos quedaban 20 minutos hasta Ifoulou. Paramos en el Zoco donde Abdullah nos invitó a un Té, y los chavales nos estuvieron preguntando sobre el trekking. A las 16:30 estábamos descansando en casa.
Una maravillosa jornada, muy recomendable sin duda, más de 25 kms, pero muy bellos en su gran mayoría, y sin fuertes desniveles que acometer.
Menudo trekk, amigo Fer !! A ver si lo hacemos juntos algún día !
ResponderEliminarAbdu