Unos días antes de la visita de Xavi y Paco, y una vez ya “repuesto” del desgaste que la subida al Mgoun me causó, Hnini, Simo y yo nos hicimos un pateo tremendo de una jornada –incluso diría de unas pocas horas-, más de 1.000 metros de desnivel en 3 ó 4 kms de recorrido, es decir, un gran desnivel sostenido. Algo trivial para las patas de Hnini, acostumbrado desde niño a subir por todos los picos de la zona, y para las de Simo, con 24 años, no fumador y con un reciente título de Guía de montaña en el Alto Atlas, pero que a mí me tenía con alguna que otra duda –sobre todo después de esfuerzo al que me había sometido unos días antes en el Mgoun-.
El monte elegido fue el Waguersef, al que tenía ganas desde el principio ya que está justo sobre Ifoulou (hacía el Norte). Con 2.882 metros de altura y, como Ifoulou se encuentra aproximadamente a 1.750, son más de 1.000 metros de desnivel con una pendiente mantenida entre el 20 y el 30%.
Salimos pronto, no queríamos que el sol nos castigara mucho, y subimos por la barranquera que hay sobre Ifoulou. La misma por donde las niñas y mujeres suelen subir a por leña.
Desde un principio el desnivel fue brutal, pero mis piernas respondieron de maravilla –y eso que aún no había dejado de fumar, por lo que espero en unos meses recuperar mi forma, y que pueda patearme todo el Atlas como tanto me gustaría-.
El paisaje es precioso durante todo el recorrido, primero el pinar y bosque de sabinas que hay sobre Ifoulou, con algunos ejemplares majestuosos.
Luego las vistas del pueblo de Tissili y su verde valle que se abren hacía el Este, con las cumbres del Tignousti y el Rat (3.819 y 3.781 metros de altitud respectivamente) por encima del valle -este es uno de mis retos próximos, pero necesito sacar 4 ó 5 días para hacerlo tranquilo y, si puedo, pasar al valle norte.
A mitad de recorrido, una vez superado el bosque, aparecen todas las montañas del Oeste, con varios 3.000 que tengo que ir a visitar pronto. Todos por encima de Toufrine.
Más tarde, llegando ya a la cumbre, el valle Noroeste de Tissili, con los picos Aguendra -3.060 m.-, que ya hice el año pasado y Timlilt -2.862 m.-.
Y por último otra maravilla roja del Atlas –que bonitos son estos colores del Tessaout, el rojo casi granate y el verde botella claro, me emociono cada vez que descubro un paisaje así, máxime cuando tiene un pueblo-. Y allí estaban, tras la cumbre del Waguersef, los pueblos de Aguensou n-warg e Idarn n-warg, colocados de forma casi perfecta sobre el valle que baja a Taglast poblado en la carretera que une Toufrine con Ait-Tamlil, la única carretera de la zona y que cojo cada vez que salgo de Ifoulou-.
La cumbre estaba bastante nevada, aunque el sol de las últimas semanas había ya derretido bastante nieve –blancas cumbres cuando llegué-. Y el tiempo era maravilloso, para disfrutar de las vistas. Y así lo hicimos durante un rato, en el que Hnini aprovechó para llamar por teléfono –hay pocos sitios con cobertura cerca de Ifoulou, y esta cumbre es uno de ellos-. Yo lo intenté, pero por alguna razón me decía que todos los números a los que llamaba no existían.
Tras un rato disfrutando de la cumbre, empezamos la vuelta, pero en vez de hacerlo por donde habíamos subido, lo hicimos en dirección al poblado nómada que hay sobre Ifoulou –que ellos llaman Waguersef, por estar en las faldas de esta montaña-. El sitio desde la cumbre se veía precioso, una llanura verde con una vaquitas y unas casitas de pastores nómadas –se van en verano con el ganado para aprovechar los pastos, hasta junio sólo suben las vacas, burros, mulas y caballos, desde julio ya suben cabras y ovejas-.
Durante la bajada una nueva sorpresa, apareció una caseta con un par de cercados a –a ojo-, unos 2.500 m. Que bonita construcción rústica se ha currado el colega que, imagino, cuando los pastos del poblado nómada estén casi agotados en verano, se subirá con su ganado a esta altura hasta entonces sin utilizar. Desde ahí bajamos corriendo por la pedrera que nos encontramos, chillando y disfrutando los tres como niños.
También disfruté del bosque de Alcornoques –o eran Encinas-, que mezclados con Sabinas –que inundan todo el paisaje de Atlas- y Pinos encontramos en la bajada, y que ya nos acompañó hasta las praderas del poblado nómada, donde paramos a comer. Eran las 2 y llevábamos ya 5 horas de pateo, y Hnini tenía ya pensado el sitio –de las muchas veces que había estado allí-, junto a la surgencia escavada en la pradera, donde nos encontramos a unos pastores tumbados en la yerba, disfrutando de un maravilloso día primaveral.
Después de un merecido descanso, y de una comida liviana pero muy rica –lástima no haberme llevado un poco chorizo-, continuamos bajando a través de un nuevo bosque –esta vez todos los árboles mezclados-, hasta la escuela de Ifoulou, a la que llegamos pasadas las 3 de la tarde.
En total, algo más de 6 horas de pateo, bellos paisajes, un precioso día y una agradable compañía. Trekking muy recomendado para los que quieran probar sus piernas y disfrutar de unas maravillosas vistas sobre el Alto Atlas.
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